La Noche de los Bichos
Ultimamente he estado consiguiendo películas de zombies, el representante clásico del género es La Noche de los Muertos Vivientes donde los muertos se levantan de sus tumbas debido a la radiación emitida por un satélite que cae en las inmediaciones de un cementerio.
No he tenido encuentro alguno con zombies (descontando el verme en el espejo por las mañanas) pero si con otros seres demoníacos. Sucedió hace dos años en mi anterior trabajo, por fin puedo superar los demonios internos que me engendró esta terrible experiencia y relatar los acontecimientos que me llevaron al borde de quebrar mi equilibrio mental.
Llegaron de noche pero no entré a calar como protagonista hasta la mañana siguiente.
Un hedor malvado invadió entonces mis sentidos al acercarme a mi cubículo, seguido por bichitos volando, bichitos por todos lados, bichitos perversos! Cientos de ellos, cruzando los cielos de mi imperio burlándose de mi desorden y descuido.
Qué hacer? Socorro! S.O.S.! A mi auxilio llegaron las tropas de limpieza, armados con ‘Desodorante de ambientes (?) AMOR’ (producto peruano) y trapos. Albricias! La horda de bichos del averno fue reducida en gran medida, sin embargo quedaban, desafiantes y observándonos, varios bichos más, parapetados en las alturas de mi cubo.
Finalmente decidieron irse no sin antes causar que el valiente señor Quispe descendiera por completo a los laberintos de la demencia, ya no es el mismo desde entonces, sus ojos reflejan el horror de haberse enfrentado una fria mañana de invierno a las malévolas aberraciones que no deberían tener lugar en el mundo que conocemos.
Mi irresponsabilidad originó esta tragedia, el monitor de 21″ que tenía en mi escritorio incubó en sus rincones más ocultos la semilla de la maldad, que nació de un kekito con chocolate que abandoné alguna noche por descuido.
Tiembla mi pulso al confesar que a veces los sigo viendo en la periferia de mi visión, no me han abadonado por completo, se aparecen volando y me susurran deseos perversos que no quiero mencionar pero que involucran animales de granja y mantequilla.
¿Hasta cuando me perseguirán?
¡Y aun el
Sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura….
Y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,
Las visiones ve del mal;
Y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo flota…, nunca
Se alzará…, nunca jamás!

El cubo del mal